lunes, 24 de noviembre de 2008

Crítica - "La elegida", de Isabel Coixet: EL PROFESOR QUE NO QUERÍA ENAMORARSE (por halbert)

Siempre es placentero poder disfrutar de un filme de Isabel Coixet. La autora de "Mi vida sin mí" y "La vida secreta de las palabras" elige esta vez la realización de un guión no propio, basado en la novela "El animal moribundo" de Philip Roth. Torpemente retitulada aquí como "La elegida" (en su original, "Elegy" - Elegía), Coixet vuelve a abordar una tortuosa historia, esta vez con un protagonista masculino a la cabeza.

David Kepesh, un reconocido y sexagenario profesor de literatura, es un seductor de alumnas deseosas de probar experiencias nuevas; habiendo escapado de un matrimonio en el que se sentía encerrado, nunca deja que ninguna mujer se le acerque demasiado. Pero cuando la joven Consuela entra en su clase, su armadura cae por completo y queda absorto ante la sofisticada belleza de su nueva alumna cubana. Como es su costumbre, la seduce con su inteligencia y su pasión por el arte, y ella se deja atrapar por su encanto, siendo una persona con un gran sentido de su identidad y una intensidad emocional que hace que se tambaleen las ideas preconcebidas del profesor. Consuela se convierte así en una importante historia amorosa para Kepesh, y la relación entre ambos irá creciendo, no sólo en amor y proyectos compartidos, sino en obsesión, celos, pasión y desengaño.

La contenida actuación del enorme Ben Kingsley como el irónico docente que debe lidiar con su propio ser al encontrarse sumergido en un no buscado romance, hace realzar la presencia de Penélope Cruz (reemplazando a la ausente Sarah Polley, protagonista fetiche de las dos obras anteriores de Coixet). Aquí, el personaje de la española (haciendo de cubana), aparece tan sensual como frágil, aunque segura y determinante en otros momentos, y brilla en cada escena en la que aparece, alejándose de sus yankees y tristes apariciones en “Sahara” o “Gothika”.

Los roles secundarios, especialmente los de Patricia Clarkson y Dennis Hopper como la amante y el mejor amigo de David, respectivamente, suman consistencia al filme. Los diálogos enriquecen la historia, haciendo creíbles a sus personajes, dotándolos de la carnadura necesaria para emocionar cuando el guión lo requiere. Si bien el filme cuenta con algunos vicios de otros edulcorados filmes de romances tardíos (recuérdese “Otoño en New York” con Richard Gere y Winona Ryder) logra emocionar y generar compromiso con los destinos de sus “moribundos animales”.

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