
Convertida en una celebridad en su país natal, México, protagonizando telenovelas,
Salma Hayek decidió abandonar una carrera segura como estrella de culebrones mexicanos para probar fortuna en la meca del cine y empezar en Estados Unidos.
Estudió actuación en Los Ángeles, California, y obtuvo pequeños papeles en algunas películas menores y programas de televisión por cable.

Tras un primer año en Los Angeles dedicado a aprender inglés y tomar clases de interpretación, Salma debutó en la gran pantalla con un papel secundario en
Mi vida loca (1993). Aunque su gran oportunidad llegó dos años después, cuando el director
Robert Rodriguez la fichó para participar en
Desperado, la secuela de su exitosa El mariachi. El filme, protagonizado por Antonio Banderas, sirvió a la actriz como tarjeta de presentación en Hollywood.
La mayoría de los títulos en los que Hayek apareció en adelante fueron films más bien modestos, hasta que en 2002 vio cumplido uno de sus sueños: dar vida en la gran pantalla a la pintora mexicana Frida Kahlo, a la que admiraba desde hacía tiempo. Su trabajo en
Frida, de la que también es productora, le valió una nominación al Oscar a la mejor actriz.
La adaptación de su vida al cine ha motivado los comentarios más diversos en todo el mundo, y una gran parte de los críticos especializados coincide con que la película de
Julie Taymor es sólo una historia de amor más, muy lejos de la pasión y la locura de la auténtica que vivió Kahlo junto a su esposo, el pintor Diego Rivera. Sin embargo, lo que es incuestionable es el cuidadoso tratamiento visual dado al filme todo.
Tal como una pintura de la artista, la película demuestra una osada apuesta visual y estética. Cada plano parece estar dotado de una dedicación sumamente cuidada, que presta especial atención a los colores y texturas de la imagen.
Tal vez, la elección de Salma Hayek para personificar a la sufrida pintora no sea la más feliz decisión, pero sabiendo los años que ha estado detrás del proyecto hasta conseguir ser la productora del mismo, no podía esperarse otra cosa. Más allá de que a través del maquillaje y otros trucos hayan intentado afearla, no encaja precisamente con el prototipo de belleza que caracterizaba a Frida.
Para obtener sus características e inalterables cejas, la artista en maquillaje agregó finísimos cabellos a la ceja natural de Hayek para crear un arco más grueso, así como también el característico bigote que hizo de Kahlo un ser único. También la diseñadora de vestuario visitó casas de diseño y guardarropa, mercados mexicanos y libros de historia para encontrar ropa y joyería del mismo tipo del que la artista solía usar.
En cuanto a la historia del film, éste se dedica casi exclusivamente a los avatares del matrimonio y a la aparición en la vida de la pintora del filósofo
Leon Trotsky, restando la posibilidad de explorar más profundamente a la artista en sí.
Igualmente, y aunque el guión cuente cuán grandiosa era la pintura de Frida, la dinámica energía de la directora sumada a la potente personalidad del personaje protagónico, le brindan al filme un genuino impacto emocional.
Para Hayek, el secreto de la resistencia del amor y el arte de Diego y Frida fue la “voluntad de la pareja para descubrir quién era la otra persona - y a su vez descubrir quién era cada uno de ellos. Frida estaba llena de valor para ser la persona que era y para enfrentar la vida tal cual ésta era y para disfrutar cada segundo intensamente, aún el sufrimiento, es verdaderamente fuente de inspiración. Su pasión me hizo apasionada".
También es interesante traer a colación la bisexualidad manifiesta de Kahlo en el filme, pues es un elemento que hace actual la historia. Con respecto al idioma inglés en el que está hablado el filme, para algunos las quejas parecen ridículas y para otros el inglés se toma como afrenta.
Considerando el sufrimiento que pudo haber pasado por las desgracias que le tocaron vivir, en el filme se descubre a una Frida alegre, risueña, optimista, consiguiendo borrar una personificación de la amargura que muchos tenían de la pintora.
La caracterización y el guión no dejan dudas que, en vida, la pintora sufrió bastante, pero al mismo tiempo dan a entender que aunque la vida parecía empeñada en hacerla desgraciada, a Frida Kahlo no le dio la gana serlo.